Entre la sumisión y la honradez

El movimiento asociativo, en principio, es una expresión del deseo de los ciudadanos de unirse en torno a alguna necesidad o problema que se pretende trasladar a la opinión pública, a la vez que se buscan caminos de solución. El asociarse es, por tanto, una forma muy apropiada de participación ciudadana.
Unas veces, nacen las asociaciones porque la realidad las provoca y las exige. Las situaciones injustas, no atendidas durante largo tiempo por las administraciones, son un aguijón en la vida de los ciudadanos que las padecen y en la conciencia de gentes solidarias, que permanecen atentas a lo que sucede en el mundo en que viven.Solamente falta la decisión de un grupo de personas dispuestas a unirse y a poner en marcha su deseo de transformar esa injusta realidad. Así nació nuestra asociación ANDAD y otras muchas que pretenden mejorar ciertas situaciones de exclusión, pobreza, enfermedades, etc. Otras veces, el motivo de su nacimiento o posterior desarrollo no es tan generoso. Hay asociaciones que, o bien nacieron o bien han degenerado en pura apariencia hueca y sin contenido que gira en torno a ciertas personas que las utilizan para satisfacer su ego personal, dándose una importancia y teniendo una presencia pública ciertamente injustificada.
Unas y otras necesitan el apoyo económico de las instituciones públicas para su funcionamiento y para conseguir sus objetivos. La mano de la Administración nunca llega a cubrir todas las necesidades de los ciudadanos, e incluso, le suele salir mucho más barato encargar ciertas tareas a las asociaciones que realizarlas ella misma. Esta dependencia económica del movimiento asociativo ciudadano con relación a las instituciones públicas, hace que cada asociación se encuentre a lo largo de su historia con la tentación de tener que elegir entre la sumisión a «la mano que le da el pan», -un pan que, no lo olvidemos, es de todos los ciudadanos-, y la honradez con la realidad injusta que pretende transformar.
Este tema pone en evidencia también a los políticos de vocación y a los que viven a costa de la política. Son numerosos los cargos públicos que utilizan el «grifo» de las subvenciones y de los convenios para hacer clientelismo político, para silenciar y dividir las denuncias, para ahogar la honradez, para favorecer a los amigos…
El resultado de esta situación es que las asociaciones tienen que optar entre la sumisión, el silencio y las enormes «tragaderas» para poder seguir viviendo o la colaboración honrada, la denuncia y el trabajo serio aún a riesgo de desaparecer. No es justo.
22 de octubre de 2009
ANDAD-Madres Unidas contra la Drogodependencias






