Las raíces del árbol condicionan sus frutos
A propósito del encuentro del Foro Social Portuense
Eduardo Manzanas. Vicepresidente de ANDAD

Durante los días 23 y 24 de abril, en el Instituto José Luis Tejada de El Puerto de Santa María, tendrá lugar el encuentro del Foro Social Portuense bajo el lema “otro mundo y una ciudad mejor es posible”. Los seis bloques temáticos elegidos han sido reflexionados, durante dos meses, por unas cien personas pertenecientes en su mayoría a las 29 organizaciones que apoyan el encuentro.
Comparando a la humanidad con un árbol y simplificando bastante, podemos distinguir en la actualidad dos corrientes de agricultores que han plantado y cuidan dos tipos diferentes de árbol: una está representada por el sistema capitalista y la otra, por la alternativa que viene fortaleciéndose, día a día, dentro de los Foros Sociales Mundiales desde enero de 2001 en la ciudad de Porto Alegre en Brasil.
El árbol diseñado por el sistema capitalista tiene, en mi opinión, un grave y serio problema: sus raíces. Asienta su tronco este árbol en el máximo beneficio posible, en el crecimiento ilimitado, en la competencia, el individualismo, la creación de falsas necesidades, en la producción de artículos que responden más a los beneficios que dejan que a las necesidades reales de la población mundial, en la libertad de mercado... Bella, tentadora y manipulable libertad, que llega a nuestras vidas precedida de una larga historia preñada de generosa entrega y ríos de sangre derramada hasta que, por fin, la humanidad logró ponerla en pie como estandarte. En manos del capitalismo, esta hermosa experiencia humana, no encierra otra cosa que un prosaico y egoísta deseo de que los productos y capitales circulen por todo el planeta sin cortapisas, controles ni fronteras, en busca de cualquier rincón donde poder obtener el máximo beneficio, aunque sea a costa de la explotación de hombres, mujeres y con mucha frecuencia niños. Viviendo de estas raíces, el árbol capitalista -la humanidad- era imposible que creciera armónico y bello. En palabras de un compañero de mis lejanos años de estudio, este árbol está “descuajaringao”. Una rama, la que representa el poder económico, acaparando casi toda la sabia, ha crecido frondosa y fuerte produciendo frutos llamativos: los millones de cachivaches que rodean nuestras vidas en los países, mal llamados, desarrollados, haciendo nuestra existencia más cómoda, aunque dudo que más feliz. A pesar de los esfuerzos de los países más ricos por presentarlo frondoso y fuerte, a través de la manipulación mediática y de la propaganda, en cuanto nuestra vista se desplaza un poco alrededor del árbol, aparece bruscamente un tremendo desastre: maraña de ramas raquíticas y sin hojas, gruesos troncos tronchados y, por todas partes, colgando, secos y preocupantes frutos de pobreza, hambre, exclusión, guerra, migraciones, paro…
Frente a este árbol capitalista, está ya creciendo el otro, plantado, cuidado y mimado por la corriente alternativa que encuentra su expresión dentro del Foro Social Mundial. Algunas de las raíces en las que se asienta su fuerza son: modelo económico respetuoso con todos los seres humanos y con la naturaleza, valores de cooperación, solidaridad, participación responsable, pluralismo, diálogo… Con la llegada de la primavera, le están brotando las primeras flores que prometen abundantes y saludables frutos de convivencia y felicidad para todos los seres humanos. Ya estoy imaginando la sonrisa socarrona de los impenitentes realistas diciendo: este hombre es un utópico. En la década de los sesenta, cantábamos una canción cuya letra decía: “en el año dos mil y pico los hombres podrán volar, metidos en un cohete por el espacio estelar”. Mucho antes del dos mil y pico esa utopía se había convertido en realidad. Hace unos diez años, en una conferencia sobre economía alternativa escuché hablar de la necesidad de establecer una renta básica universal; en algunas Comunidades Autónomas están pensando ya algo al respecto. En la misma charla, el ponente proponía la creación de un impuesto –Tasa Tobin- a las operaciones especulativas financieras. Hace poco más de una semana me frotaba los ojos, creyendo ver visiones, cuando en la televisión un representante de la derecha más recalcitrante defendía dicha Tasa Tobin.
Sí, amigos lectores, algunas de las utopías de ayer se pueden convertir en realidad hoy, mañana o más tarde. Sólo es necesaria una condición: que numerosas personas crean en ellas firmemente y se pongan el mono de trabajo para hacerlas realidad. Además, sin utopías, la vida pierde su sabor y apenas merece la pena ser vivida. Lo claro, y comprobado hasta la saciedad históricamente, es aquello que ya en el Nuevo Testamento se puede leer: “Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos” (Mt.7,18). Ustedes y su conciencia decidirán a cuál de los dos árboles merece la pena cuidar.






