¡Todas contra la exclusión! (5-03-09)
Una de las múltiples caras que adopta la exclusión es el hambre. El pasado 2008 terminó con 40 millones más de hambrientos que 2007; son ya 963 lo millones de seres humanos que sienten clavadas en sus estómagos las garras del hambre.
El paro es otro de los rostros de la exclusión; cada día son miles las trabajadoras y trabajadores que ingresan en esa sombría lista del desempleo. Podríamos también hablar de la falta de atención sanitaria, de la escasez de agua potable, de la necesidad de vivienda digna, de la ausencia de oportunidades de educación etc. Todas estas carencias van grabando, golpe a golpe, la imagen de la exclusión en las personas y los pueblos, convirtiendo la hermosa experiencia de la vida en una maldición.
Quienes tenemos por bandera irrenunciable la vida digna para todos y todas, no podemos callar ante esta vergonzosa e injusta situación, organizada por unos cuantos desalmados y sufrida por las posterceras partes de la humanidad.
Hoy, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, es una buena ocasión para avivar el rescoldo de la solidaridad y fortalecer los brazos de la protesta, en todas las mujeres y los hombres que amamos la igualdad y trabajamos por la justicia, con el deseo de borrar del mapa de nuestro mundo la vergüenza de la exclusión.
Durante este encuentro hemos podido escuchar con alegría y esperanza el ejemplo de un grupo de mujeres, representantes de esa juventud solidaria y comprometida en la construcción de un mundo sin exclusión. En este momento, queremos unir juventud y experiencia, reconociendo la trayectoria y agradeciendo el testimonio de fidelidad y constancia de una mujer ejemplar: Dolores Picazo.
Desde los inicios de la asociación ANDAD, Dolores ha estado presente en las luchas y apoyos mutuos del Grupo de Madres de toxicómanos. A pesar de no haber tenido afectados en la propia familia, sintió como tales a los de las demás madres y a su lado ha estado siempre, antes con más agilidad, cuando el cuerpo respondía mejor, y ahora, pasito a paso, apoyada en su bastón. Su talante sereno y cariñoso ha contribuido a ir amasando la amistad y fraternidad que hoy existen en el grupo.
Por todo esto, y por esa larga vida compartida con todas las que hemos vivido con ella esta experiencia solidaria, le hacemos hoy entrega del pañuelo de las Madres contra la exclusión. Gracias Dolores.






