Rebélate contra la pobreza (17-10-08)
En el año 2000 los Gobiernos y Estados se comprometieron a ir dando pasos para erradicar el hambre y la pobreza en el mundo. Hoy, ocho años más tarde, 50.000 personas mueren diariamente como consecuencia de su extrema pobreza y la distancia entre los empobrecidos y los ricos sigue creciendo. Más de 3.000 millones de personas carecen de una vida digna por esta causa.
Hace varios años, también aquí en El Puerto, las autoridades locales y autonómicas se comprometieron a dar solución a los insoportables problemas que sufren los vecinos de la barriada de José Antonio. Hoy están peor que entonces: sus viviendas se derrumban, sus calles están sucias, el tráfico de drogas sigue igual, hay peleas, gritos,… En estas condiciones sus vidas no pueden considerarse dignas.
Y es que, tanto a nivel mundial como local, las promesas de los dirigentes no alimentan, ni curan, ni educan, ni proporcionan viviendas dignas… Para conseguir estos objetivos son necesarios los hechos, las intervenciones que enfrentan las causas de los problemas. Hambre, SIDA, analfabetismo, emigración, infravivienda, pobreza, exclusión… son las diferentes caras de un mismo problema: la injusticia que sufre la mayor parte de la humanidad.
Las razones de esta injusta situación tienen su origen en la forma en que los dirigentes políticos y empresariales tienen organizada la vida política y económica mundial. La crisis alimentaria provocada por las multinacionales al emplear ciertos cereales para producir energía, y la creciente política especulativa con los alimentos básicos, no hace más que agravar la situación de 925 millones de personas que pasan hambre y quizás otros tantas severamente desnutridas.
Para acabar con ese drama la FAO afirma que serían necesarios 30.000 millones de dólares. Es decir, que para que nadie en el mundo muriera de hambre o de sed, sólo sería necesario más o menos el 40% de lo que el Banco Central Europeo inyectó en los mercados solo el pasado día 29 de septiembre.
La crisis económica actual provocada por la especulación financiera de grandes bancos está cayendo sobre los hombros de todas nosotras y nosotros. Esos defensores empedernidos de lo privado y de que el Estado no intervenga en el mercado corren, ahora sí, a suplicar a los Gobiernos que les ayuden con el dinero público, es decir, de toda la ciudadanía. Su ideología está pegada a su cartera. Los recursos para actuaciones sociales, educación, salud, vivienda, desempleo… se verán recortados para sacar las castañas del fuego a los bancos que durante décadas han estado enriqueciéndose a costa de actividades especulativas.
No podemos continuar confiando en promesas, mil veces incumplidas, que nos engañan, nos dan largas y finalmente agravan los problemas que sufren los excluidos y empobrecidos de aquí y de otras partes del mundo. Basta ya de promesas; ante el hambre, ante la pobreza y la exclusión exigimos hechos.
Nos rebelamos ante los políticos “profesionales” que hacen de su actividad un trampolín para enriquecerse personalmente. Nos rebelamos ante las multinacionales y la Banca Mundial que sólo piensan en sus beneficios, aunque estos se consigan a costa del sudor y lágrimas de los empobrecidos.
Únete a todas las personas que a lo largo y ancho de nuestro mundo pensamos que hay que detener este modo de vivir destruyendo la naturaleza, agotando las materias primas, expulsando a los inmigrantes, acumulando bienes y recursos a costa de la vida de otros seres humanos.
Construyamos entre todos y todas una nueva forma de disfrutar de la vida respetando a los demás y al medio ambiente, siendo solidarios con todas las personas que están sufriendo las consecuencias de este modelo económico injusto, cruel y además inviable.






