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Con la cruz acuesta (7-04-07)

Millones de personas a lo largo de esta semana, que llamamos Santa, hemos estado reviviendo la pasión y muerte de Jesús de Nazaret. Recorriendo las calles de todos los pueblos, a hombros de miles de cargadores, contemplábamos la imagen del Nazareno con la cruz a cuestas camino del calvario.

Las autoridades religiosas y políticas de su tiempo no soportaron que Jesús pusiera en peligro su existencia y privilegios. De palabra y con obras, toda su vida defendió que el poder debe estar al servicio de la vida de las personas.

La historia se repite. En estos días el poder económico de una multinacional –Delphi- ha convertido a varios miles de familias de la Bahía en nuevos crucificados. Al robarles su trabajo, lo único que tienen para poder vivir, Delphi ha cargado sobre los hombros de estas personas una pesada cruz.

La cruz del desasosiego y del miedo al futuro, del dolor y de las lágrimas en silencio.  ¿Por qué seguimos aguantando que los amos del dinero lo sean también de nuestras vidas?

Cuando las multinacionales llegan a un lugar se aprovechan de terrenos y dineros públicos casi regalados. Pasan unos años aumentando su cuenta de beneficios con el trabajo de los obreros y, cuando sus directivos piensan que ya no ganan suficiente, levantan el vuelo, como siniestros vampiros, en busca de nuevas víctimas.  Atrás queda un reguero de crucificados, clavados a la cruz del paro y el sufrimiento.

Es una buena ocasión para que los defensores a ultranza de la economía de mercado y de la privatización de los servicios públicos reflexionen sobre sus consecuencias. Es mentira que el libre mercado, por sí mismo,  estabilice la economía y atienda a las necesidades de las personas. Se hace imprescindible la intervención del Estado, no para plegarse a los intereses de las multinacionales, como sucede con frecuencia, sino para defender los intereses de los más desfavorecidos.

En ANDAD-Madres Unidas Contra las Drogodependencias no podemos permanecer en silencio ante este “terrorismo de cuello blanco”. Estamos hartos de ver cómo el paro y la falta de oportunidades para labrarse un futuro digno, se convierten en peligrosos factores de riesgo que empujan a muchas personas al mundo de las adiciones.

Por este motivo, y porque nos duele el sufrimiento ajeno, levantamos hoy nuestra voz y nos unimos a esa gran marea solidaria que recorre la bahía gritando: ¡DELPHI NO SE CIERRA! La fe en la unión de todos y todas puede producir ese milagro.

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